Pan y bicicletas: curioso binomio

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Me declaro aficionado a las bicicletas, siempre me han gustado, pero he de decir, que desde que me he iniciado en el mundo del pan las veo con otros ojos…

Dejadme explicar, hasta hace poco me perdían las bicicletas de última tecnología, aquellas de aluminio o carbono, con muchos piñones, aquellas tan ligeras, pero desde que meto las manos en la masa y observo pacientemente mi masa madre burbujear, desde que he aprendido a apreciar el trabajo artesanal, me  decanto por las bicicletas clásicas. Algunos pensarán, menudos hierros, bicis viejas, trastos, pero yo les dedico el poco tiempo que puedo para ponerlas a punto y quedan preciosas.

No le veo otra explicación, seguro ha sido cosa del pan mi nuevo aprecio por lo artesano, aunque quizás me queda otra opción por valorar… ¿será que me estoy haciendo mayor?

En casa calculo que debo tener el mismo peso en harinas que en bicicletas. Entre los cuatro miembros de la familia debemos tener unos once vehículos no motorizados de dos ruedas, evidentemente, todos ellos de gran valor sentimental y poco económico.

Hace unos años me desplazaba por la ciudad en moto pero desde que tenemos renacuajos la cosa ha cambiado, entre que la logística se ha complicado y que no nos haría gracia que de más mayores nos las pidieran y, con el ejemplo se predica claro está, la acabé vendiendo. Y fue entonces cuando empecé a usar la bici como medio de transporte urbano, muy a pesar de las fuertes pendientes de mi ciudad. Mi mujer ya la utilizaba cuando la conocí, así que, no hubo inconveniente al incluirlas en nuestra rutina tanto para llevar a los niños al cole, como para ir al trabajo, en fin, para no preocuparnos ni por atascos ni por donde aparcar.

La bicicleta da libertad, una vez leí algo sobre un estudio cuyas conclusiones afirmaban que al subir en una bicicleta y pedalear se sonríe y eso genera una sensación de bienestar que se traduce en una mayor felicidad. Y yo, de paso, les inculco a los peques el amor por el deporte y la no dependencia de los vehículos motorizados.

En uno de los trayectos del colegio a casa tuve una desafortunada pequeña colisión con un vehículo, sin consecuencias físicas tanto para el peque como para mí, pero de mi pobre Zeus no puedo decir lo mismo porque dobló su cuadro de acero.  Colgué la foto en Instagram.

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Pero enseguida borré gran parte de mi pena cuando recibí un mensaje de  Ibán Yarza en el que  me ofrecía el cuadro de su preciosa Lapierre roja, una bicicleta con mucha historia y que le acompañado en infinidad de viajes, además de haber transportado kilos y kilos de harinas. Él compró el cuadro en Francia y la fue equipando hasta conseguir una maquina perfecta, una Fixie que va como la seda, hasta la rueda está montada a mano, aquí podéis ver todo el proceso de restauración: http://www.flickr.com/photos/7394371@N06/sets/72157608252521717/,

En un principio Ibán me daba el cuadro, de forma que pensé en acoplar los componentes de mi pobre Zeus al nuevo cuadro Lapierre pero, cual fue mi sorpresa, cuando me aparece con la bici montada, eso sí, sin su Brooks (lógico mantiene la forma de sus posaderas), pero el resto tal cual, ruedas, guardabarros y una ligerísima parrilla Tubus. Debí haber sospechado algo cuando me preguntó por la capacidad de mi maletero…

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Nunca antes había montado una single speed y la sensación me cautivó al instante, la simplicidad me encanta. Además, con el tiempo te das cuenta de que eres capaz de subir cuestas que no imaginabas, simplemente porque nunca te habías planteado subirlas. Una de las maravillas de ir con un solo piñón es la sencillez mecánica y otra no poco menos importante es el silencio. Es como hacer pan con los ingredientes básicos harina, agua y sal.

Esta es la bici que uso habitualmente cuando me desplazo sólo, ya que para tirar del peque con una Single Speed en una ciudad con cuestas aún me faltan piernas 😉

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2 Comentarios

  1. Ibán dice:

    … y una última cuestión. Es tan bonito compartir pan como compartir bicicletas, porque sabes que compartes algo más que un objeto. Compartes felicidad 🙂

  2. Javier dice:

    Yo pienso lo mismo, siempre me han gustado las bicicletas, pero hoy al leer tu entrada me he dado cuenta que cambié la bicicleta de montaña por una clásica de paseo algo después de comenzar a hacer pan, hace algo más de dos años, impresionante, es cierto. Y desde entonces, soy mucho más feliz, Ibán Yarza con su libro fue el culpable.
    Un abrazo y gracias por compartir tu experiencia.

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